Tengo varias razones para no querer saber del amor,
sin embargo estoy aquí tratando de perder este temor,
el temor de decirle: tú me has robado el corazón,
el corazón que una vez dijo: el amor es solo ficción.
Pero quien puede culparme de ser incoherente,
si con su sonrisa caería hasta el más prepotente
y al reflejarme en sus ojos me vuelvo tan susceptible,
que no enamorarme de ella me resulto imposible.
Y aunque me he dicho una y mil veces ¡esto no es amor!
una voz desde dentro dice: ¡si!, si es, porque ella es un primor,
¿acaso no es ella quien con su sola presencia te hace enmudecer?
¿en quien piensas desde que amanece hasta el anochecer?
Que razón tiene esa voz, pues es la voz del corazón,
el corazón que ella robó y le quitó el caparazón,
el caparazón que lo tenía esclavo como en una prisión,
prisión que se ha desvanecido y convierte en ilusión.
ABC
